Por Lic. Mariel Bonnefón
Lactancia y apego: mucho más que alimentar
Cuando hablamos de lactancia materna, es frecuente escuchar que amamantar “fortalece el apego”.
La frase tiene algo de sentido, pero necesita algunas aclaraciones.
Porque la lactancia puede ser un espacio privilegiado de contacto, regulación y encuentro entre una madre y su bebé. Sin embargo, amamantar no es una condición necesaria para construir un vínculo seguro.
Y esta diferencia importa muchísimo, especialmente cuando hablamos de maternidad y salud
mental.
¿Qué es realmente el apego?
El apego es el vínculo que el bebé desarrolla con sus figuras cuidadoras y que tiene, entre otras funciones, ayudarlo a mantenerse cerca de ellas cuando necesita protección, especialmente frente al estrés, el miedo o el malestar.
Un bebé humano nace con una enorme dependencia.
No puede regular por sí mismo buena parte de sus estados físicos y emocionales. Necesita de otros para alimentarse, descansar, calmarse, sentirse seguro y organizar sus experiencias.
Por eso, el apego se va construyendo a partir de muchas experiencias cotidianas. Cuando un bebé llora y alguien intenta descubrir qué necesita, cuando tiene hambre y recibe alimento, cuando está cansado y alguien lo ayuda a dormir…
No necesitamos responder perfectamente todo el tiempo. Necesitamos una relación suficientemente
sensible y disponible.
Y dónde entra la lactancia?
La lactancia ofrece muchas oportunidades para este tipo de encuentro.
Durante una toma puede haber contacto piel con piel, proximidad corporal, olor, temperatura, mirada, voz y sincronización entre los cuerpos.
Además, la lactancia implica un intercambio constante de señales. El bebé busca, succiona, hace pausas, cambia su ritmo, se mueve, se desprende. La madre observa, acomoda, espera, ofrece nuevamente. Hay una especie de conversación corporal.
Y cuando esa experiencia es agradable para ambos, puede convertirse en uno de los muchos
contextos en los que el bebé aprende algo fundamental:
“Mis señales tienen un efecto en alguien.”
Pero hay una diferencia importante entre decir que la lactancia puede favorecer oportunidades de conexión y decir que la lactancia genera apego seguro.
Porque no es la lactancia. Es la relación.
Un bebé puede ser amamantado y desarrollar un apego inseguro.
Y un bebé alimentado con fórmula puede desarrollar un apego seguro.
Porque el apego no depende de un alimento. Depende de la experiencia relacional acumulada.
Un bebé puede tomar una mamadera en brazos de una persona que lo mira, responde a sus señales, respeta sus pausas, le habla, lo sostiene y disfruta de estar con él. Ese momento también puede ser profundamente vincular.
Del mismo modo, una madre puede amamantar y estar atravesando una situación de enorme sufrimiento. Puede tener dolor, estar exhausta, sentir rechazo hacia la lactancia.
Puede estar atravesando depresión o ansiedad. Puede sentir que cada toma es una obligación que la supera.
Y en esos casos, decirle simplemente “pero la lactancia es importante para el apego” no necesariamente ayuda.
El bienestar de la madre también importa
Cuando hablamos de apego, tenemos que incluir a las dos personas de la díada. Porque un bebé no necesita una madre perfecta. Necesita una persona que pueda estar disponible de manera
suficientemente consistente.
Y para que una persona pueda cuidar, regular y responder, también necesita ser cuidada.
Esto no significa que haya que dejar de amamantar ante la primera dificultad, sino que podemos acompañar la lactancia sin convertirla en una prueba de amor.
Podemos ayudar a resolver dificultades. Podemos buscar posiciones más cómodas, mejorar el acople, trabajar el dolor o revisar expectativas.
Pero también podemos preguntarnos:
¿Qué está necesitando esta madre para poder estar bien?
Porque proteger la salud mental materna no está en oposición al apego.
Es parte de cuidar las condiciones en las que una relación puede desarrollarse.
Entonces, ¿la lactancia favorece el apego?
Puede contribuir a generar muchos momentos de contacto, proximidad y regulación.
Puede ser un espacio hermoso de conexión.
Pero no es el “ingrediente secreto” del apego seguro. El apego se construye durante miles de pequeñas interacciones.
Por eso, si amamantás y disfrutás de hacerlo, podés valorar la lactancia también como un espacio de encuentro.
Y si no amamantás, si no pudiste hacerlo o si elegiste otro camino, no significa que le hayas quitado a tu bebé la posibilidad de tener un vínculo seguro.
El apego es mucho más grande que la lactancia.
Y la maternidad también es mucho más grande que la forma en que alimentamos a nuestros bebés.
Si te interesa profundizar en estos temas, podés seguirme en Instagram @mariel_bonnefon donde comparto contenidos sobre apego, crianza, lactancia y salud mental materna.
Si estás atravesando dificultades con la lactancia o con la maternidad y querés acompañamiento profesional, también podés escribirme para consultar por mis espacios de atención.
Porque cuidar el vínculo también significa cuidar a quienes forman parte de él.

